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Viejas Críticas: Kill Bill Vol.1 (2003)

Tarantino siempre demostró un gran talento como guionista y una incuestionable destreza como realizador. Pero su cine siempre fue recatado en cuanto a la acción, poniendo muchas veces más énfasis en el diálogo que en la puesta en escena. Incluso se podría decir que existía en su obra una cierta aprensión hacia los espacios abiertos. Si tuviera que hacer una película de terror, nunca  dirigiría ¿Quién puede matar a un niño?, sino que haría algo más parecido a La residencia, siempre arropado por un espacio bien delimitado y con un cierto aislamiento. Sin embargo, y aunque no abandona su amor por la acotación espacial, Kill Bill volumen 1 le consagra como director todo terreno, capaz de enfrentarse a cualquier descabellada secuencia de acción y artes marciales.

María de Medeiros había comentado una vez que Quentin Tarantino, pese a su gusto por la sangre y la violencia, no dejaba de ser un director moral, ya que siempre nos mostraba la muerte de un personaje conocido. Probablemente, el famoso cineasta de Knoxville estuvo de acuerdo con dicha afirmación, pero seguro que no pensó en nada de todo esto cuando dirigió Reservoir Dogs o Pulp Fiction, ya que en el primer volumen de Kill Bill los fallecidos se suceden sin ton ni son, y sin que el espectador conozca la identidad de la mayoría de todos ellos; y la sangre no sólo aparece ocasionalmente, sino que chorrea por aspersión de entre los miembros cercenados de las víctimas.

Pero tengamos en cuenta que, así como las películas de Indiana Jones estaban impregnadas del espíritu y la forma de los seriales televisivos de los años 40, Kill Bill recoge la esencia de las series chinas y japonesas de los 60 y 70, además de homenajear a películas del cine nipón, como por ejemplo Shurayukihime (Toshiya Fujita, 1973), Dao (Tsui Hark, 1995) y, más en general, a todo el estilo manga japonés. Por ello, no nos debe extrañar que la sangre juegue un papel protagonista en la cuarta película de Tarantino, ya que sus influencias orientales no conciben el líquido rojo sino como algo bello y perfecto, símbolo de la vida y la pasión.

Las dos trabas principales del film son: en primer lugar, que tenemos que esperar al segundo volumen para ver cómo acaba y, en segundo, que se trata de un cine sin mensaje. O quizá sí que lo tenga: ¡Mata a Bill! A él y a todos los que piden a gritos tu venganza. Pero hazlo despacio.

2 comentarios

  1. Tarantino seguramente sea un genio y un virtuso tecnicamente hablando. A través de su filtro personal, ha sabido plasmar todas sus influencias y gustos personales,y mostrar al público su frikismo. Su cine es entretenido y brillante, pero adolece de la capacidad de emocionar. Peckinpah, por poner uno de sus referentes, sí que tiene esa capacidad porque dota a sus personajes de profundidad psicológica.

  2. Es cierto. Pero no debemos olvidar a Jackie Brown. El personaje de Robert de Niro sí estaba dotado de esa profundidad que mencionas. De hecho, se ha llegado a hablar de hacer un spin-off de dicho personaje. Y Pam Grier ya no sólo era una mujer de tetas grandes, como en las películas de la blackxplotation. Tal vez la clave esté en que Tarantino deje de escribir y se concentre sólo en el trabajo de dirección, eso sí, revisando los guiones, como hacía Hitchcock. Es que, además, opino que sabe mucho de cine pero le falta cultura.

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