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The Master. Follow the leader

Hay una antigua leyenda hindú que dice que los hombres, en el comienzo de los tiempos, eran dioses, pero tan corruptos que casi siempre utilizaban su poder para hacer el mal. Por eso, Brahma, el dios del hinduismo, decretó que se les privara de su divinidad, ocultándola en el único lugar donde a ningún hombre se le ocurriría buscar: en su interior.
También hay un relato de ciencia ficción que dice que Xenu, el dictador de la Confederación Galáctica, trajo a la Tierra a sus compatriotas alienígenas, hace ya más de 75 millones de años, y los aniquiló a todos, generando un cúmulo de almas provenientes del espacio que penetraron en los cuerpos de los seres humanos, hasta entonces torpes animales sin capacidad de raciocinio.
Dicho relato constituye la base en la que se fundamenta el credo de la Iglesia de la Cienciología, y fue escrito por su fundador, L. Ron Hubbard. Y todo porque un buen día Hubbard, tras una de sus epifanías, creyó descubrir aquello que los hindúes y algunos filósofos venían proclamando desde hacía ya tiempo: que lo humano es divino.
Xenu

No obstante, su mitología contiene algunos fallos, ya que el Australopithecus es el homínido más antiguo que se conoce, y no tiene más de 4 millones de años. Por otro lado, podríamos remitirnos a aquella interesante reflexión que se hacía Jesse, interpretado por Ethan Hawke en Antes del amanecer(Richard Linklater, 1995), quien se preguntaba ¿cómo es posible, si la población de nuestro planeta ha ido creciendo expotencialmente, que todos tengamos un alma única, eterna e indivisible? ¿o quizá sí que se puede ir dividiendo el alma en porciones más y más pequeñas? ¿es por eso que cada vez somos más dispersos? En este sentido, como en el hinduismo te puedes reencarnar en un animal, podrían cuadrar más las cuentas ¿quién sabe?, aunque no en la cienciología, donde los seres humanos nos vamos pasando almas alienígenas indivisibles los unos a los otros.

Pero eso no importa. Lo que importa es lo que declara el personaje protagonista de la peor película del año 2012 (Prometheus, de Ridley Scott): “Eso es lo que he decidido creer”. Porque la Iglesia de la Cienciología, fundada en 1954, cuenta ya con más de 8 millones de seguidores, es decir, que mucha gente ha “decidido” creer que somos avatares de los extraterrestres.
Philip Seymour Hoffman in The masterClaro que todo depende de la consideración en la que se tenga a la cienciología. Según Paul Thomas Anderson, “no es una secta, sino una religión nueva”. Si esto es cierto, ninguna religión se habría difundido tan rápidamente como la cienciología en la historia de la humanidad. Y sin embargo, Anderson parece proponer un claro debate sobre si nos hallamos ante una secta o no. De ser así, habría que preguntarle si se refiere a la acepción de secta como doctrina religiosa que se independiza de otra (véase el caso del Opus Dei), o como aquella que se caracteriza por basarse en creencias falsas y a cuyos miembros tildaríamos de fanáticos (véase el caso de Charles Manson). Este último significado guarda una estrecha relación con el concepto de charlatanería, y en The Master parece atisbarse una alta dosis de la misma en el personaje de Lancaster Dodd, basado en la figura de L. Ron Hubbard, e interpretado con maestría por Philip Seymour Hoffman.
En cualquier caso, la película habla sobre los inicios de esta secta o religión, a través de la historia de Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un veterano de guerra estadounidense que sufre un serio trastorno, y al que despiden de todos los trabajos por comportarse como un animal. El encuentro casual entre Quell y Dodd establece entre ellos una extraña relación de amistad.

Lancaster Dodd no es el docto maestro que proclama ser, sino más bien un sinvergüenza con mucho carisma que pretende demostrar que su terapia es capaz de curar las secuelas psicológicas que atormentan a los ex-soldados de la Segunda Guerra Mundial. Esa es la razón por la que toma a Freddie Quell en su seno, para ayudarle a volver a ser el que era antes de la contienda y, al mismo tiempo, aprovecharse del resultado, aunque parece no darse cuenta de que lo único que Freddie necesita es satisfacer su pulsión sexual.

Joaquin Phoenix in The masterQuedan bien plasmados en el film los orígenes de la cienciología, que en realidad proviene de un sistema de autoayuda llamado dianética, el cual recurría, entre otras técnicas, a la hipnosis, con la que se suponía que el sujeto era capaz de verse a sí mismo en vidas anteriores.
En una entrevista concedida por Paul Thomas Anderson a un conocido periódico español se dice que los primeros 45 minutos (nada menos) están narrados con una “frenética elegancia”, y que luego baja el ritmo para recrearse en la fundación de la “nueva religión”. Esto no es cierto. Si con algo nos podemos quedar de The Master es con que se trata de un discurso eminentemente plano. El ritmo no aumenta ni disminuye, no hay nada que vaya en crescendoni en decrescendo.
Está bien que Hoffman no caiga en la tentación de emular a predicadores encrespados como el de Burt Lancaster en En fuego y la palabra (Richard Brooks, 1960) o el de Paul Dano en Pozos de ambición (P. T. Anderson, 2007), pero el guión deja de lado demasiados aspectos interesantes de la vida y obra del estrambótico Hubbard, como por ejemplo su rechazo a la homosexualidad y a la psiquiatría, o bien su talento como empresario, ya que la cienciología postula que sólo los upstat (gente de éxito, es decir, con mucho dinero) pueden recibir los cursos necesarios para llegar a conocer en todo su esplendor la historia de Xenu, el mencionado emperador alienígena del que se supone que provenimos.
Es obvio que el director no se ha atrevido a contar lo que había que contar, tal vez por miedo a llevarse mal con la Iglesia de la Cienciología o, más en concreto, con su amigo Tom Cruise, con el que ya colaboró en Magnolia(P. T. Anderson, 1999).
The master

A pesar del impresionante duelo interpretativo que Phoenix y Hoffman nos brindan, y de la excelente banda sonora compuesta por el oxoniense Jonny Greenwood, que tiñe toda la película de un aire a lo Pozos de ambición pero sin su aliento épico, el realizador californiano no se moja lo suficiente y crea una línea argumental conformista e intrascendente que se hace la interesante a lo Magnoliapero sin su (esta vez sí) frenética elegancia.

 

LO MEJOR: los actores.
LO PEOR: las falsas expectativas.
CALIFICACIÓN: ♦♦♦

 

Muy mala: Ø / Mala: ♦ / Regular: ♦♦ / Buena: ♦♦♦ / Muy buena: ♦♦♦♦ / Excelente: ♦♦♦♦♦

Obra maestra: O.M.

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