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Terence Young y las películas de gasolinera

El otro día hice un pequeño viaje en coche. Suelo parar en las gasolineras para estirar las piernas y tomarme algo en la cafetería, pero siempre que acabo con mi rutina echo una ojeada a lo que tienen en los anaqueles. En algunas estaciones de servicio, por raro que pueda parecer, todavía cuentan con el típico puñado de casetes de música, aunque la mayoría incorporan ya el formato CD entre sus productos estrella, eso sí, con los mismos grupos de toda la vida. Justo al lado de los discos de Los Chunguitos encontré algunas películas en DVD. “Esto ya es como un Vips”, pensé; pero a continuación me di cuenta de que, aparte del repertorio típico de películas americanas tales como Arma letal (Richard Donner, 1987, película por la que siento un profundo respeto) o Inteligencia artificial (Steven Spielberg, 2001, por la no siento absolutamente nada) había un montón de cajas dobles, a un euro cada una, con algunos títulos de los que hasta entonces no había oído hablar. Compré dos, tacaño de mí. Tenía que haberme pillado toda la colección.
Una de las cajas contenía dos películas con Alain Delon, uno de los grandes actores de la historia del cine, pese a que no se encuentre en todos los top ten, en parte porque la competencia a lo largo de más de cien años incluye nombres como los de Marlon Brando o Cary Grant, que para mí estarían en la cima, y en parte también porque se trata de un actor de registros sumamente europeos, e incluso de una (gran) belleza genuinamente europea. No es para todos los gustos.
Lino Ventura and Alain Delon in Les aventuriersLa primera película era Los aventureros (Roberto Enrico, 1967), una coproducción italofrancesa en la que Delon interpreta a un piloto de avión al que le retiran la licencia por temerario y, en consecuencia, decide lanzarse a la búsqueda de un tesoro perdido en el mar, acompañado de su mejor amigo y de la mujer de la que ambos están enamorados. Me hizo sentir como un niño, y me di cuenta de que el género de aventuras está casi olvidado en nuestra cultura. No puede ser que lo único que quede del cine de piratas, por ejemplo, sean esas terribles películas en las que aparecen Johnny Depp y Orlando Bloom. Tal vez la culpa de todo sea de la eclosión de los efectos digitales, los cuales han trascendido tanto y en tan poco tiempo que han pasado de ser un mero recurso a convertirse en el motivo principal de todo discurso cinematográfico. Si no, que se lo digan a Indiana Jones…
Charles Bronson in Adieu l'amiLa segunda era Adiós, amigo (Jean Herman, 1968). En esta, Alain Delon y Charles Bronson se ven obligados a colaborar en el robo de una caja fuerte y, en el proceso, quedan atrapados en la cámara acorazada. Una película menor, desde luego, pero merece la pena ver a Bronson introduciendo monedas en un vaso lleno de rebosar sin que éste se derrame. Sin efectos especiales.
Johnny Got His GunEn la otra caja venían Johnny cogió su fusil (Dalton Trumbo, 1971) y Triple Cross (Terence Young, 1966). Aunque ya había visto la primera, todavía no constaba en mi colección y, de hecho, esta fue la que me indujo a comprar, ya que se trata de uno de esos títulos imprescindibles que uno no puede eludir. Es la trágica historia del chico que no tiene ni piernas, ni brazos ni cara, porque ha recibido un impacto de bomba durante la Primera Guerra Mundial, y se halla en un hospital militar donde experimentan con su cuerpo mientras él, incapaz de comunicarse, empieza a mezclar sus sueños con sus recuerdos hasta el punto de perder la cordura y desear la muerte por encima de todo. Un alegato antibelicista y una defensa de la eutanasia que deja a Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004) a la altura del betún.
Pero el verdadero descubrimiento de mi parada en la gasolinera fue Triple Cross – La verdadera historia de Eddie Chapman. Con esta trama de espionaje entre nazis e ingleses sí que disfruté como un niño. El protagonista es un actor que me encanta: Christopher Plummer, al que todos recordamos por su interpretación del capitán Von Trapp en Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965). Romy Schneider and Christopher Plummer in Triple CrossUn hombre que, aún hoy en día, a sus 84 años, sigue haciendo cine con toda dignidad y sin perder ni una pizca de su atractivo. No obstante, y por si fuera poco, resulta que le acompaña un extraordinario elenco de actores, de entre los que cabe destacar a la bellísima Romy Schneider como la condesa Helga Lindstrom, que trabaja para el servicio secreto alemán a las ordenes del barón Von Grunen, encarnado por el carismático actor de origen ruso Yul Brynner, al que tampoco podemos disociar de la magnífica Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956).
La vida de Eddie Chapman da para hacer una serie de televisión. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Chapman ya era el granuja más asombroso del Reino Unido. Tras desertar del servicio militar, comenzó a dedicarse básicamente a dos cosas: acostarse con mujeres de la alta sociedad para luego chantajearlas, y volar cajas fuertes, por lo que acabó ingresando en prisión. Tal y como cuenta la película, cuando comenzó la guerra Chapman aprovechó la única oportunidad que tenía de salir de la cárcel, Eddie Chapmanofreciendo sus servicios a los nazis, quienes, convencidos de su talento, acabaron por entrenarle como espía, oficio en el que encajó como si no hubiera nacido para hacer otra cosa. Pero Eddie, o Fritzchen (diminutivo de Fritz, algo así como “Fritzito”), que era como le llamaban los alemanes, se consideraba británico por encima de todo, así que en su primera misión en Inglaterra decidió complicar un poco más la trama y traicionar al Tercer Reich desvelando a sus compatriotas las intenciones del enemigo, eso sí, a cambio de una cuantiosa suma de dinero que, si se toma en cuenta junto con lo que había recibido del otro bando, más todo lo que había robado de las cajas fuertes en su pasado delictivo, le convertiría en un hombre tremendamente rico. Eso, claro está, si lograba sobrevivir sin ser descubierto, ya que fue enviado de vuelta a territorio alemán, a la boca del lobo, donde tuvo que fingir que seguía trabajando para ellos.Terence Young directing Sean Connery in From Russia with Love
No pudieron contar con Chapman para que supervisara el film, ya que en Francia estaba acusado de secuestrar al rey de Marruecos, pero sí que contrataron al hombre apropiado para dirigir el proyecto: Terence Young, un director injustamente olvidado, y al que Sean Connery le debe todo, ya que podemos afirmar que fue el creador de James Bond para la gran pantalla. Si bien es cierto que el personaje fue concebido por Ian Fleming en sus novelas, quien realmente nos lo ofreció como icono cultural fue este inglés nacido en Shangai. De hecho, al igual que Bond, Terence Young estudió en Cambridge, e incluso llegó a trabajar para el Servicio de Inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial. Después se dedicó a escribir guiones, durante los años 40 y 50, y, más tarde, cuando llegó a ser un realizador consumado, su amistad con Albert R. Broccoli, además de su bagaje personal, le llevó a dirigir la primera película de la saga: 007 contra el doctor No (1962). En aquella época Connery no era más que un actor musculoso. Young se lo llevaba a cenar y le enseñaba a hablar, a comer y a moverse como un auténtico agente secreto, y logró formarle para que diera vida al personaje que le llevaría a la fama. También trabajarían juntos en Desde Rusia con amor (1963, mi favorita) y Operación Trueno (1965), tal vez la mejor película de la colección Bond, de la cual se hizo, posteriormente, un remake llamado Nunca digas nunca jamás (1983), del director de El imperio contraataca (1980), Irvin Kershner.
¿Qué mejor director para contar la vida de Chapman/Fritzito que Terence Young? Ya había hecho tres películas de James Bond; estaba en el momento más dulce de su carrera. De hecho, he olvidado mencionar que también forman parte del reparto de esta cinta Gert Fröbe, el inolvidable Goldfinger,Gert Fröbe que mataba a las chicas por asfixia cutánea con un baño de oro, y la chica Bond de Operación Trueno, Claudine Auger, que en esta ocasión pertenece a la resistencia francesa.
Terence Young también dirigió Sola en la oscuridad (Wait Until Dark, 1967), en la que la divina Audrey Hepburn está ciega y tiene que defenderse de unos matones que buscan heroína oculta en su apartamento. Hay un error muy generalizado con respecto a este título, y es el de pensar que Sola en la penumbra (Blink, Michael Apted, 1994) es un remake de ésta. No lo es. El film de Apted no está basado en ninguna obra teatral, y su argumento es mucho más original: Madeleine Stowe no está ciega, sino que su cerebro recibe las imágenes con horas de retraso, así que, llegado el momento, presencia un asesinato y no está segura de si lo ha visto o lo ha soñado. Jennifer 8 (Bruce Robinson, 1992), en la que Uma Thurman está ciega y es el único testigo de un homicidio, tiene mucho más que ver con esta última. Cosas de los títulos en castellano.
La verdad es que después de Sola en la oscuridad el nivel del cine de Young comenzó a decaer. Pasó a ser un director de segunda categoría, y hasta rodó un spaghetti-western espantoso, llamado Sol rojo (1971), en el que colaboró con ese curioso dúo formado por Alain Delon y Charles Bronson, a los que se sumaban el gran Toshiro Mifune haciendo de samurái en el lejano oeste, y otra chica Bond: Ursula Andress, que sólo aportaba algo de interés cuando se quitaba la ropa. Un auténtico desbarajuste. No obstante, hay que recordar a este señor por lo que fue y por lo que pudo llegar a ser: un buen artesano.
Audrey Hepburn in Wait Until DarkAunque la calidad de imagen de estos DVDs era deplorable y no incluían subtítulos para la versión original, me quedé con ganas de comprar más, más películas con Alain Delon, o películas de Fu Manchú, o del Conde Drácula, o spaghetti-westerns, o cualquier cosa que se saliera totalmente de lo convencional. Ahora ando buscando una película de Terence Young llamada L’avventuriero (1967), con Anthony Quinn, y todavía no la he hallado por ninguna parte, así que, si alguien la tiene, que utilice el formulario de contacto de este blog, por favor. Si no, tal vez en la siguiente gasolinera.

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