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Stranger Things. I <3 the 80ths

Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia se remonta al año 1985, cuando tenía 4 años. Joe Dante, el director de Gremlims (1984) y El chip prodigioso (1987) acababa de estrenar una curiosa película llamada Exploradores, en la cual el pequeño Ethan Hawke construía, con la ayuda de su amigo River Phoenix, una nave espacial hecha a base de elementos encontrados en la basura. Copiaba un poco el recurso de la iluminación con linternas introducido por E.T. el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), sólo que en este caso eran los niños quienes las llevaban, y no los adultos. Mi padre apareció una buena mañana deslumbrándome con una linterna de color naranja, muy similar a las que aparecían en el film de Dante, y me dijo “Mira, como en la peli de los exploradores”.Explorers 1985

Eran los años 80, amigos, cuando la gente se ilusionaba por cosas sencillas y el término “postureo” ni siquiera había empezado a gestarse. También recibí en otra ocasión unos walkie talkies como los de las películas, aunque los míos funcionaban fatal y tenían un alcance demasiado corto para rescatar alienígenas. Eso sí, tenían grabado el código morse en una pegatina y, gracias a eso, aprendí a mandar mensajes secretos que nadie más que yo en mi casa entendía. Para que luego digan que el cine no enseña nada…

Hace poco, y tras varias recomendaciones de colegas doctos en materia de series, me tiré a la piscina con la última de Netflix: Stranger Things. Nada más ver a todos esos chavales jugando a Dragones y mazmorras y esgrimiendo walkie talkies y linternas empecé a sentir un hormiguillo en los pies y, a partir del segundo episodio, quedé completamente enganchado. Si no fuera porque el sueño pudo conmigo, me habría visto la serie entera de una tacada.

Stranger Things titleLa cabecera ofrece un reclamo inequívoco, dirigido a los nostálgicos. Su música de sintetizador rollo New Wave bebe directamente de las películas de John Carpenter, quien, además de ser un director muy interesante, compuso varias de sus bandas sonoras. Por otro lado, la tipografía aúna la estética de las portadas de las novelas de Stephen King con un cierto toque de los títulos de Noche de miedo (Fright Night, de Tom Holland, 1985). De entrada, dichas acotaciones sugieren una vinculación clara con el género de terror, pero Stranger Things es mucho más que eso.

Los artífices de este fenómeno postmoderno y futura pieza de culto son los hermanos (gemelos) Duffer, que recientemente fueron contratados por M. Night Shyamalan para escribir el guión de su serie, Wayward Pines, todo un homenaje al Twin Peaks de David Lynch. Especialistas en ensamblar elementos reconocibles de la cultura pop como si se tratara de las piezas de un puzle, sus creaciones llegan a un público mayoritario que no tiene por qué haber vivido en los años 80, ni en los 90, ni en ninguna época en particular.

Millie Bobby BrownPero el éxito de la serie se debe en gran parte al carisma de uno de sus personajes. Y no hablo de ningún actor de larga trayectoria como Winona Ryder, que, en mi humilde opinión, está algo sobreactuada. No, se trata de una niña de 12 años llamada Millie Bobby Brown, de padres británicos pero nacida en Marbella, que pasó la mayor parte de su vida en Barcelona y luego emprendió su carrera profesional como actriz encarnando a la Alicia de Lewis Carroll hace un par de años para la televisión. Más tarde aceptó papeles secundarios en Intruders, Navy: investigación criminal, Modern Family y Anatomía de Grey, pero nunca la habíamos visto tan pletórica como en su interpretación de Eleven en Stranger Things, donde da vida a una extraña niña que tiene poderes telequinéticos, muy similares a los Drew Barrymore en Ojos de fuego (Firestarter, de Mark L. Lester, 1984) o a los exhibidos en películas de Brian De Palma como Carrie (1976) o La furia (1978).

Y hablando de referencias, creo que ya he citado a uno de los pilares de la serie, el señor Stephen King. Recordemos que Ojos de fuego está basada en un libro suyo y que, además, uno de los episodios lleva por título El cuerpo, igual que su novela homónima, aquella en la que está basada Cuenta conmigo (Stand By Me, de Rob Reiner, 1986). Stand By MeEn dicho episodio, los niños siguen las vías del tren igual que ya lo hicieran antaño River Phoenix y Wil Wheaton, aunque para mí el ambiente infantil del que nos empapamos más es del de It, de cuya adaptación cinematográfica (Tommy Lee Wallace, 1990) van a hacer ahora un remake en el cual va a aparecer Finn Wolfhard, el niño protagonista de Stranger Things, que estuvo a punto de decir no a la serie por solapamiento con este otro proyecto.

Sí, son los niños de It, también son los niños de Los Goonies (Richard Donner, 1985), pero, sobre todo, son los niños de E.T. el extraterrestre, huyendo de los malvados hombres del gobierno en sus desgastadas bicicletas. Porque esta inmortal obra de Steven Spielberg constituye otro de los pilares de la serie y Eleven es, en muchos aspectos, el E.T. del grupo, cuando mira a He-Man con curiosidad por la tele, cuando le ponen un cursi vestido de chica, cuando va de paquete en la bicicleta de Mike, o cuando se esconde en su tienda de campaña en el sótano del mismo.

Otros ecos, por citar unos pocos: Poltergeist (Tobe Hooper, 1982), Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), La cosa (John Carpenter, 1982), Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984).

Los Duffer articulan un discurso muy eficaz juntando todos estos retales de los 80 y dando coherencia al conjunto. Y el resultado va mucho más allá de lo esperado. Stranger Things ha sido, sin lugar a dudas, la serie del verano, y ya se habla de una segunda temporada que incorporará al mismo elenco de actores. Ahora bien, no deberían hacerla, porque (y no pienso soltar ningún spoiler) el final de la serie ya es lo suficientemente redondo como para mejorarlo, y cualquier intento por ir más allá no haría sino desvirtuar el producto. Stranger Things kidsDeberían hacer como en True Detective o en American Horror History, donde unas temporadas son independientes de las otras, o bien trasladar la narración a un tiempo en el que los personajes ya son adultos y reviven los fantasmas del pasado, como en It, pero, en ningún caso deberían continuar con el mismo hilo argumental. Sin embargo, todo parece indicar que esto es lo que va a suceder, así que no queda más remedio que tocar madera y confiar en la pericia de los guionistas, que hasta ahora se han portado bien y han desempeñado su labor con solvencia. Benditos sean por ello.

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