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Star Wars. La Fuerza despierta pero no se levanta

Hace mucho tiempo en una galaxia lejana, muy lejana, un antiguo estudiante de la Universidad del Sur de California, de nombre George Lucas, que había aprendido a dirigir cine observando a su amigo Francis Ford Coppola, decidió aprovechar el tirón de su segunda película, American Graffiti (1973) y, con el apoyo de la 20th Century Fox, fundó una empresa llamada Lucasfilm Ltd., cuyo único propósito era llevar a la gran pantalla todo tipo de aventuras ambientadas en mundos fantásticos que harían que la imaginación de los ahora orgullosos frikis reventara por los cuatro costados. Esto ocurrió en 1977 con el estreno de La guerra de las galaxias (Star Wars).

George LucasHubo distintas sub-Lucasfilm que se repartieron la hercúlea tarea de recrear aquel entorno sideral gobernado por esa misteriosa energía llamada la Fuerza. Industrial Light and Magic se responsabilizó de los efectos visuales, y Skywalker Sound de los sonoros. Cabe destacar que, además, dentro de ILM, había un pequeño departamento de informática gráfica que poco a poco fue creciendo hasta que un tal Steve Jobs decidió comprarlo para convertirlo en lo que hoy se conoce como Pixar, la empresa que realizó el primer largometraje creado íntegramente por ordenador, esa obra maestra que es Toy Story (John Lasseter, 1995).

Tal vez por aquella época en la que Pixar y Disney comenzaron su franquicia, esta segunda empezó a fraguar la idea de hacerse con la totalidad de Lucasfilm, cosa que finalmente sucedió en 2012. Inmediatamente después se anunciaba el lanzamiento de otros tres nuevos episodios de Star Wars, los esperados VII, VIII y IX. Desde entonces, los fans de la saga, entre los cuales me incluyo, hemos esperado fervientemente el estreno de El despertar de la fuerza, que se produjo el pasado 18 de diciembre, en medio de una gran euforia colectiva, la cual había pasado de 0 a 100 en el transcurso de este año 2015.

El teaser, con la profunda voz de Andy Serkis, nuestro Gollum de El Señor de los anillos, se había convertido en la mejor droga de diseño que se pueda imaginar. Yo debí de verlo unas cien veces, pero ya atisbé la primera tontería: ¿una espada en cuya empuñadura hay una guarda láser que se dispara hacia los lados? Es la típica idea que a todos se nos ha pasado alguna vez por la cabeza pero que acaba siendo descartada por absurda. Por otro lado, el trailer también estuvo a la altura de las circunstancias. Desde luego, J.J. Abrams, el director de la película, sabe cómo venderse. La evocadora imagen del Halcón Milenario acompañada por el romántico tema musical de El imperio contraataca (indiscutiblemente la mejor, de Irvin Kershner, 1980) sin duda nos tocó la fibra sensible.

CCM_99Se trata del estreno más importante de la historia del cine en lo que a récords de taquilla (en el primer fin de semana) y expectación se refiere, dejando atrás a la anterior agraciada con este honor, Jurassic World, cuyo director, Colin Trevorrow, va a ser el encargado de llevar a cabo el episodio IX. El caso es que, después de ver trailers y películas (eso sí, por el Orden Machete, o mejor aún, sólo las antiguas), y de hasta llegar a plantearme comprar o alquilar un disfraz de Obi-Wan Kenobi para el día 18, me encontré con una gran decepción. A diferencia de otros acólitos a los que sí les ha gustado la película, a mí me ha parecido un producto con un gran potencial claramente desaprovechado.

Un dato significativo: El despertar de la fuerza ha sido rodada nada menos que con película Kodak. Seguro que muchos pensaréis que es así como se hace siempre, pero estáis equivocados. Esto sólo lo hacen directores raritos como Quentin Tarantino o Christopher Nolan. No, no, las películas, valga la contradicción, se graban en vídeo desde hace ya tiempo. Aprovecho para corregir a los supuestos periodistas culturales que hablan del celuloide como si se tratara del material con el que se filma y se proyecta. El celuloide era un material extremadamente inflamable que dejó de utilizarse en 1940. CCM_100Las últimas películas hechas en película, valga la redundancia, se pasaban en soporte de poliéster, y uno de los causantes de su muerte fue el propio George Lucas, que grabó La amenaza fantasma (1999) en vídeo de alta definición. En otras palabras, que el paso al siglo XXI supuso indudablemente la muerte del cine como formato, y el hecho de que esta nueva entrega de Star Wars esté concebida de esta manera constituye toda una declaración de intenciones. Es innegable que intenta rescatar el espíritu de la primera trilogía, la sagrada, distanciándose a la vez de los tres primeros episodios, que, según mi punto de vista, son una gran castaña.

— COMIENZO DE SPOILERS —

Pero tan enorme es el deseo de evocación que el film acaba por ser un calco de Una nueva esperanza, que es como realmente se llama el episodio IV. Todo comienza en un planeta llamado Jakku, muy parecido a Tatooine, bajo la premisa de que hay una institución llamada la Primera Orden, surgida de las cenizas del Imperio, que busca resinstaurarlo matando a Luke Skywalker, el último de los jedis, que se halla en paradero desconocido por motivos desconocidos. Aparece Max von Sydow durante 5 minutos sólo para darle a Oscar Isaac (Poe Dameron) una especie de pen-drive que contiene un mapa que conduce hasta Luke. Poe es el mejor piloto de La Resistencia, sí, de La Resistencia, que existe todavía en tiempos de una nueva República Galáctica, aquí totalmente descontextualizada.CCM_101

En fin. Llega La Primera Orden a Jakku y empieza a cargarse a gente, porque también han oído hablar del mapa, así que Poe se lo pasa a BB-8, un nuevo y redondito R2-D2, que huye milagrosamente de allí. ¿Alguién más empieza a oír ecos? Luego baja de la nave Kylo Ren, el nuevo y (supuestamente) malvado Sith, hijo de Han Solo y la princesa Leia, que recibe órdenes de un líder supremo generado por ordenador llamado Snoke, y que es capaz, pasen y vean, de parar un rayo láser con la mente en vez de con la espada. En ese momento empiezas a plantearte cosas…

La trama está llena de déjà vus, paralelismos, homenajes, guiños, etc. Incluso algunos han llegado a hablar de “remake encubierto”, y puede que no les falte razón. Pero la cosa se sostiene bien al principio, porque el desierto establece un ambiente muy de Star Wars, y porque la idea de que, Finn, un soldado de asalto, reniegue de todo para ayudar a la Resistencia, supone un punto de originalidad, quizá el único de todo el argumento. Y bueno, porque hay que reconocer que BB-8 es un robot encantador a la vez que genial, como lo era también su antecesor.CCM_102

Aunque puede que lo mejor de esta historia sea la guapísima Daisy Ridley, que interpreta a Rey, una chatarrera de las dunas que encuentra a BB-8 y a Finn y se los lleva de Jakku en el Halcón Milenario. Pero justo después aparece Han Solo y todo empieza a desmoronarse discretamente, en una secuencia de contrabandismo y monstruos babosos en la que vuelves a plantearte cosas…

El problema es que Harrison Ford, desde que interpretó al presidente de los Estados Unidos en Air Force One (Wolfgang Petersen, 1997), empezó a perfeccionar esa mueca con la cual puede estar a la vez frunciendo el ceño con una mitad de la cara y sonriendo con la otra. Y como ya no necesitaba más, dejó de trabajar bien sus papeles para convertirse en un actor mediocre, en una caricatura de lo que había sido en sus buenos tiempos. Aún así, ha sido el que más dinero ha cobrado de todos, y a lo mejor esa es la razón por la que al final muere a manos de su hijo Ben (Kylo Ren), en su intento por destruir un planeta en el que la Primera Orden ha colocado una inmensa trinchera mecánica que viene a hacer las veces de Estrella de la Muerte, pero con una capacidad destructiva mucho mayor, ya que su generador se alimenta de la energía del sol.CCM_103

Pero no hay nada de lo que preocupase. J.J. Abrams ya está preparando el spin-off de Han Solo, así que tenemos personaje para rato. No en balde, Solo es el favorito de Lawrence Kasdan, el excelente guionista de En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981) y de los episodios V y VI, al que Abrams ha resucitado igual que a la película Kodak para que colaborara en el proyecto. Esto quiere decir que es a Kasdan a quien tenemos que regañar por haber elaborado un guión tan forzado y en el que todo vale. Por ejemplo, cuando Rey encuentra el sable de Luke se pasa por alto el hecho de que se trata del mismo que perdió en al planeta Bespin cuando Darth Vader le cortó la mano, así que es imposible que aparezca de repente en una maldita taberna perdida tan parecida a la de Mos Eisley que chirría como una puerta mal engrasada.

Siempre nos habían contado que se necesitaban años de formación como padawan, desde la más tierna infancia, para llegar a ser un jedi. No querían adiestrar a Anakin, además de por peligroso, ¡porque era demasiado mayor! Luke tuvo que tomar un curso intensivo con Yoda, con más razón todavía. Pero es que Rey ya nace casi sabiendo. Aprende a manipular mentes, mover objetos sin tocarlos y hasta esgrima, todo en un espacio de tiempo de 10 minutos ficcionales larguísimos en los que vence a un endeble Kylo Ren y escapa del planeta junto con los demás rebeldes que, ah sí, le han dado duro al generador de energía hasta que lo han hecho estallar pero a penas nos hemos enterado porque las acciones paralelas no están bien construidas.

CCM_104Y no es Kasdan el único que está flojo. El maestro John Williams, dicen que por anciano, ha compuesto una banda sonora sin a penas un solo tema reconocible y que decepciona, si cabe, más que el guión, dejando incompleta la labor de J.J. Abrams, cuyo estilo visual de cámara en movimiento no concuerda con los cánones de la saga. De hecho, ambos se equivocan profundamente en la transición entre el último plano de la película y los créditos. J.J. nos mete un plano de Luke y Rey sobre una montaña que ha sido rodado desde un helicóptero a 100km/h, y Williams se olvida de que hay que enlazar la armonía del final con la de dichos créditos. Y aquí llegamos a la conclusión.

Si lo pensamos bien, Rey y Finn son los únicos que no tienen apellido, porque son huérfanos. Los personajes antiguos son, en cierto modo, sus padres adoptivos, pero, lejos de cumplir con su cometido de pasarles el testigo, de hacer que avancen, lo único que logran es eclipsarles, robarles protagonismo, y dar una imagen trasnochada y repetitiva de lo que podría haber sido una gran película. No obstante, todavía queda esperanza. Estoy convencido de que los siguientes episodios serán mejores, pero también de que no me disfrazaré de jedi para ir a sus respectivos estrenos, porque no me hará falta, porque sé que, de todas formas, la Fuerza, la de la sagrada trilogía, siempre estará conmigo.CCM_105

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