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Skyfall o por qué James Bond debe ser machista y no parecerse a Batman

Daniel Craig en SkyfallM: Bueno, supongo que eso es mucho más discreto.
Bond: Suba al coche.

Un cliché es una idea que ha perdido su significado original por haber sido utilizada demasiadas veces. Y aún así, lo apropiado es regalarle a James Bond un Aston Martin por su 50 aniversario, puesto que se trata de una de sus señas de identidad, junto con la preparación del martini con vodka (agitado, no batido) y la frase con la que se presenta a todas las mujeres antes de acostarse con ellas: “Bond, James Bond”. Nadie va a pensar que es un anticuado. Es más, la gente le adorará por ello y sabrá que se ha gastado el dinero en ver una película de Bond.

Digamos pues que hay ideas que no caducan, que pueden ser repetidas hasta la saciedad y no ofrecen muestra alguna de desgaste, sino que, más bien, se convierten en una tradición. Sin embargo, Eon Productions siempre ha realizado ímprobos esfuerzos por revitalizar la saga del agente 007, sobre todo cambiando la cara del protagonista por la de un actor que aportara nuevos matices al personaje.
Nadie daba un duro por Daniel Craig, el James Bond rubio, cuando se presentó Casino Royal, pero, contra todo pronóstico, ha resultado ser una apuesta más que acertada. Con perdón de Sean Connery (el mejor y el único), Craig se toma muy en serio su papel, y confiere al héroe un punto de vulnerabilidad que hace que Bond sea inteligible para el siglo XXI.

No obstante, es posible que esta tendencia complaciente hacia el nuevo público esté dando lugar a una desvirtuación del personaje, porque un film de la serie 007 es como una receta de cocina: debe contener un conjunto de ingredientes. Casino Royal (Martin Campbell, 2006) estaba muy rica; Bond corría como una liebre, pero seguía siendo Bond. Y Quantum of Solace (Marc Forster, 2008) mantenía ese sabor característico, aunque empleaba demasiados recursos pertenecientes a otra saga de espías: la de la trilogía de Bourne. Lo mismo le ocurre a Skyfall (Sam Mendes, 2012), de la que se puede decir, sin temor a equivocarse, que le debe mucho al Batman de Christphoer Nolan:Javier Bardem in Skyfall

Alfred: ¿Va a utilizar el Batpod, señor?
Bruce Wayne: ¿En pleno día, Alfred? No sería muy discreto.
Alfred: El Lamborghini entonces… Mucho más discreto.

 

Ese podría ser un breve destello, un déjà vu que nos recuerda al Caballero Oscuro, aunque hay más pistas en el guión que nos hacen sentir que no estamos ante una película de Bond: Javier Bardem encarna al malvado Silva con maestría, pero su personaje se nos antoja semejante al Joker por aquello de que planea su propia detención, mientras que Bond secuestra a M para protegerla, invitándonos a un bergmaniano viaje al pasado, en el que descubrimos que el pequeño James vivía en una versión escocesa de la mansión Wayne, y que, tras conocer la noticia de la muerte de sus padres se encerró durante varios días en algo muy similar a la batcueva. Todo ello pasando por alto el hecho de que hay personajes importantes que manifiestan su verdadera identidad al final, como puede ser el caso de una Moneypenny demasiado atractiva o de un nuevo M con demasiado carisma interpretado por Ralph Fiennes. Esto es, por cierto, lo que sucede con Robin en la última película de Nolan.
Toda la historia se ve salpicada por el paralelismo Batman-Bond, y ninguno de los dos existiría sin El regreso del Señor de la Noche, el excelente comic de Frank Miller, donde el protagonista se encuentra fatigado por la edad y duda de si será capaz de volver al campo de batalla, pero finalmente, por su propia fuerza de voluntad, retorna fortalecido.
Por otro lado, la referencia a Sólo se vive dos veces(Lewis Gilbert, 1967) es muy clara, aunque resulta imposible imaginarse a Sean Connery llorando o hablando sobre su infancia, cosa que no es de la incumbencia del espectador. Nos encontramos por tanto ante un film decididamente atípico dentro del universo bondiano cuyo único elemento familiar son los créditos iniciales, acompañados en esta ocasión por un tema de la cantante británica Adele.
¡No, no, y mil veces no! James Bond es un machista ejemplar, que no teme al “qué dirán” después de abofetear a una mujer, o bien de darle una palmadita cariñosa en el culo. Es un individuo frío y solitario cuyo único amor es la patria, y que se dedica a desentrañar conspiraciones internacionales y no reyertas personales. Su código deontológico no es moral, sino que se ajusta a la doctrina del Bien Superior, donde el fin justifiSean Connery on his Aston Martinca los medios, y donde da igual a quién tenga que matar, ya que, de hecho, el tipo tiene licencia para ello. Ese es el verdadero Bond, y no el hombre que se nos muestra al principio de Skyfall, más preocupado por atender a un compañero herido de bala que por recuperar un disco de vital importancia para el MI6. Sencillamente, no funciona así.
Ya dejó de fumar, cosa que no nos molesta, pero esperemos que en próximas entregas a James no le dé por adoptar otros hábitos de vida saludables como el de abandonar la bebida, ya que esto sería un sacrilegio.

Pero no parece que vaya a ser así. De hecho, Skyfall, a pesar de lo marciana que es, sienta las bases de un Bond más parecido al clásico, más maduro, que utiliza una Walther PPK y flirtea con Moneypenny al entrar en la oficina, y que todavía va a dar mucho de qué hablar; así que seguiremos sus aventuras.

8 comentarios

  1. Esperaremos a la película de la siguiente semana,…me gusta su nueva rutina, Mr. Andrés, me aprovecharé de ella descaradamente y le leeré todas las semanas. Esta crítica, de entrada, muy agradable de leer (que es más de lo que se puede decir del 80% de las cosas que pululan sobre el cine)y muy ilustradora.

  2. Si al final vas a hacer que me aficione al cine y todo…..ya tengo ganas de ver la peli!
    Estoy convencida de que leyendo tu blog terminaré yendo al cine con Dani más de lo que ahora vamos, así que……supongo que debo darte las gracias de su parte, y la enhorabuena de parte de ambos.

  3. Nos has brindado una lectura estupenda jeje. Reconociendo la mayor parte de lo que has expuesto, y a pesar de la horrible aparición de Albert Finney, debo decir que salí deslumbrado con el Bond de Sam Mendes (sobretodo la secuencia en Shangai). ¡Esperamos una nueva entrada!

  4. No creo que 007 deba ser machista ni vanagloriarse de otros aspectos casposos de su personalidad: esa imagen ya resulta vulgar y empalagosa a estas alturas de la franquicia. Estereotipo viejuno.

    He disfrutado con las películas de James Bond, pero el personaje siempre me ha parecido superficial y muchas de sus historias resisten mal el paso del tiempo. Tan lejos de complejidad de George Smiley y su encarnación humana, Alec Guinness.

    El Bond de Sam Mendes, por fortuna, supone un cambio radical: 007 ya no es el superhombre vacío de sentimientos con licencia para matar, sino un ser complejo, dotado de una rica conciencia moral, con un alma atormentada y doliente. Daniel Craig reinventa al personaje (náufrago a la deriva desde la época de Roger Moore) y lo sitúa en la modernidad. Y por si fuera poco, Javier Bardem: villano sensible, conmovedor y desencantado, actor prodigioso y exquisito, único. Peliculón.

  5. Es una opinión muy respetable. Aunque debemos recordar que las películas de James Bond surgieron como una vulgar imitación de Agente Secreto (Alfred Hitchcock, 1936), y que nunca han pretendido guardar una semejanza, ni siquiera parcial, con el Smiley de Le Carré.

    El éxito de las primeras entregas, debido en gran medida al encanto de Sean Connery, sorprendió mucho a los productores, que desde entonces no han parado de explotar lo que no es sino un mero entretenimiento, un producto comercial. Por lo tanto, el dotar a Bond de esa dimensión “moral” me parece altamente peligroso. O bien, como tú indicas, podría suponer una revitalización del personaje, o bien podría aniquilarlo.

    En cualquier caso, yo no he dicho que la película sea mala. Lo que digo es que no es una película de Bond, y que guarda demasiadas referencias con la saga del Caballero Oscuro, amén de otros guiños que no he mencionado (Kill Bill, por ejemplo, en la pelea de Shangai). De hecho, el propio Sam Mendes ha reconocido públicamente la influencia de la saga de Nolan en su Skyfall:

    http://blogs.indiewire.com/theplaylist/sam-mendes-says-he-was-not-at-all-interested-in-bond-at-first-took-direct-inspiration-from-christopher-nolans-dark-knight-films-20121018?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

    A la mayoría de la gente le ha gustado la película, pero he encontrado a varios, como tú, que afirman que es un peliculón, y ahí no puedo estar en mayor desacuerdo. American Beauty es un peliculón, Memento es un peliculón, Origen es un peliculón, El caballero oscuro es un peliculón… Qué sé yo…

    Es que, en mi opinión, a una película que toma demasiados elementos de otra (salvo cuando se hace en plan posmoderno, como puede pasar con los colajes de Tarantino) no se la puede llamar “peliculón”.

    Y dejo de un lado mi otra opinión, más cuestionable, que se basa en el hecho de que en la sociedad actual nos estamos volviendo demasiado blanditos y ya no nos van los verdaderos machos como John Wayne y Clint Eastwood…

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