0

Shame. La vergüenza de ser libre

A veces tengo insomnio. Cuando busco “Shame” en IMDB a altas horas de la madrugada y me encuentro conque el nombre de su director es nada menos que “Steve McQueen”, el loco pensamiento de que el protagonista de Bullit (Peter Yates, 1968) ha resucitado pasa fugazmente por mi cabeza, pero claro, en seguida me doy cuenta de que, tal vez, la falta de sueño pueda haber afectado gravemente a mi juicio, sobre todo porque hablamos de un tipo gordito y negro como el carbón.
No es su primera película. En Hunger (Steve McQueen, 2008), su aclamada ópera prima, se hablaba del caso real de Bobby Sands, conocido por liderar la huelga de hambre de la prisión de Maze, en Irlanda del Norte. Por aquel entonces, un desconocido Michael Fassbender tuvo que someterse a una estricta dieta para mostrar la extrema delgadez de su protagonista, lo cual, ya de entrada, le consagraba como un actor que no se impone límites a sí mismo a la hora de abordar un papel. Da igual que haga de activista del IRA, de mutante malvado, o de androide con sentimientos. Él no sólo actúa; encarna.
Michael Fassbender touching himself in Shame

Brandon es adicto al sexo, pero le da vergüenza reconocerlo. Ronda la treintena y goza de una buena posición dentro de su empresa. En apariencia, tiene todo lo que se puede desear. Es pulcro y ordenado. Su piso es lo bastante espacioso como para que una sola persona viva cómodamente, y en su colección de música podemos encontrar tanto vinilos como discos compactos, lo que quiere decir que también es sensible, que nota la diferencia entre los dos formatos, y que no se conforma con cualquier cosa.

Es más que probable que Brandon haya sufrido una experiencia traumática durante su infancia, y que ello le haya obligado a enmascarar el tremendo dolor que siente por medio de labrarse una imagen intachable dentro de la sociedad pija neoyorkina. Sin embargo, ha desarrollado un yo narcisista que utiliza el sexo como medio de sublimación. En otras palabras: necesita sentirse sucio para exteriorizar lo que de sucio lleva por dentro.
Las mujeres sólo son un objeto para él, y no pueden jugar ningún otro papel. En cuanto una de ellas despierta en él cualquier tipo de sensación afectiva, su libido disminuye considerablemente, y es entonces cuando se da cuenta de que está enfermo. De hecho, recuerda un poco al personaje interpretado por Christian Bale en American Psycho (Mary Harron, 2000), sólo que la patología de éste último tenía una naturaleza muy distinta.
Obviamente, cualquiera de los dos personajes temblaría sólo con pensar en lo que pasaría si sus allegados se enteraran de lo que hacen en sus vidas paralelas. Por eso, cuando Brandon recibe la visita de su hermana Sissy para quedarse un tiempo con él, todo su mundo se desmorona poco a poco.
Carey Mulligan singing in Shame

A ella la interpreta Carey Mulligan, actriz muy de moda en estos momentos. Recuerdo que una vez leí que Truffaut había dicho de Rod Taylor (en referencia a Los pájaros, de Alfred Hitchcock) que era un actor sólido pero sin carisma. Yo opino lo mismo de Mulligan. Lo que pasa es que su personaje está muy bien construido, y supone todo lo contrario del de Fassbender: ella es una persona sexualmente activa pero sin miedo a reconocerlo, y encima es singularmente caótica y desconsiderada hacia el orden que reina en el piso de su hermano.

Cuando Brandon presenta a Sissy a su jefe, éste, un hombre casado y con hijos, hace lo que tiene por costumbre: cortejarla. Sin más dilación, vemos a los tres en un taxi, camino del piso de Brandon, para que Sissy y el jefe se acuesten. Mientras tanto, Brandon, asqueado con la situación, decide salir a correr en plena noche. Y, hablando de Truffaut, cuando vi esta secuencia no pude evitar recordar el final de Los 400 golpes (François Truffaut, 1959), cuando Jean-Pierre Léaud se escapa del reformatorio y empieza a correr hacia el mar, el cual simboliza la libertad. Tal vez sea una tontería, pero Léaud corre de izquierda a derecha, y Fassbender lo hace de derecha a izquierda, o sea, en un sentido opuesto al de la lectura occidental, lo que para algunos supone, en ciertos casos, algo agresivo, o bien la diferencia entre ir y venir. Yo creo que Brandon no persigue su libertad, sino más bien el derrumbe de la misma. Al contrario que el personaje de Hunger, que ya estaba en una prisión, Brandon busca su propio encierro desesperadamente. Intenta autodestruirse.
Michael Fassbender in Shame

McQueen no dirige una un drama al uso. No se trata sólo de una historia mínima en la que el personaje realiza un viaje interior a los abismos arrastrando consigo lo que más quiere. Shame es mucho más que esto. Retrata al hombre moderno, adaptado a la sociedad enferma en la que vivimos, disfrutando de su libertad en contra de su propia voluntad.

Finalmente, Brandon tendrá una nueva oportunidad, podrá elegir. La mirada de Fassbender es lo suficientemente profunda como para decírnoslo sin abrir la boca. Puede que se vaya con la chica del metro o puede que no; puede que inicie una relación sentimental con ella, o bien que la profane y luego la deje tirada. En cualquier caso, somos nosotros los que debemos darnos cuenta de que la vida da muy pocas oportunidades, y de que, si las desperdiciamos, es que somos estúpidos.

 

LO MEJOR:  Fassbender.
LO PEOR:  no haberla podido ver en el cine
CALIFICACIÓN: ♦♦♦♦

 

Muy mala: Ø / Mala: ♦ / Regular: ♦♦ / Buena: ♦♦♦ / Muy buena: ♦♦♦♦ / Excelente: ♦♦♦♦♦

Obra maestra: O.M.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *