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On the Road o cómo ser un verdadero hipster

El viernes 19 de abril de 2013 se estrenó en España On the Road, del brasileño Walter Salles. Una fecha digna de mención, puesto que supuso el inicio del peor fin de semana de la historia del cine en nuestro país, a nivel de recaudación, claro está. Algunos estarían viendo el fútbol, otros bajándose las películas de Internet porque ya no podían asumir el precio de la entrada de cine, y otros, bueno, sencillamente no estaban allí.
Sam Riley and Garrett Hedlund in On the Road Hablemos pues del medio millón de personas que sí estaban, y en particular de los que tuvieron la feliz idea de ir a ver On the Road. Este grupo incierto e insignificante de gente todavía puede dividirse en otros dos sectores: el de aquellos que habían leído el libro de Jack Kerouac con anterioridad, y el de los que llegaron a las salas envueltos en una virginal ignorancia que les permitió acercarse a la Ruta 66 con una mirada nueva y sin contaminar.
Es posible que el primer grupo disfrutara más que el segundo de esta excelente adaptación, puesto que el verdadero encanto de la historia se esconde entre las intrincadas frases que Kerouac tuvo a bien plasmar en un kilométrico rollo de papel, escrito en tan solo tres semanas, bajo los efectos de litros de café, en uno de los mayores arrebatos de inspiración de la literatura del siglo XX.
Él lo llamó “prosa espontánea”. Nosotros preferimos llamarlo el origen de la generación beat, las road movies, mayo del 68, los hippies, la influencia de la cultura oriental en occidente y, en general, el rechazo de los valores tradicionales impuestos tras la Segunda Guerra Mundial. Es el reflejo de una sociedad en constante evolución, cada vez más consciente de sí misma y harta de que se le diga lo que tiene que hacer.

Sam Riley as Sal Paradise / Jack Kerouac
Eso en el libro. La película, en aras de satisfacer también a los neófitos, decide centrarse más en la relación de amistad entre Dean Moriarty, álter ego de Neal Cassady, y Sal Paradise, narrador con voz en off incluida y álter ego del propio Kerouac. Garrett Hedlund y Sam Riley, respectivamente, les dan vida con absoluta verosimilitud.
Cassidy está considerado hoy en día como el primer hipster, refiriéndonos al colectivo de aficionados al jazz bebop y hot que utilizaban las drogas para expandir su mente y practicaban el sexo para mejorar su conocimiento de sí mismos. Todo ello aparece reflejado en el film, pero, sin embargo, las peregrinaciones de Sal a lo largo y ancho de los Estados Unidos casi quedan relegadas a un segundo plano, cuando, en cambio, la novela estaba totalmente salpicada por estas experiencias y no escatimaba ninguna clase de detalle a la hora de describir a un borracho, un policía o un recolector de algodón. Eso es lo que se ha perdido por el camino, pero no podemos reprochárselo a Francis Ford Coppola, productor de la cinta, dado que no había un modo mejor de adaptar lo inadaptable.
Kristen Stewart in On the RoadAdemás, Salles realiza con maestría su versión extendida del anuncio de BMW, aquel de “¿Te gusta conducir?”, pero con ecos del que sigue siendo, sin duda, su mejor trabajo: Diarios de motocicleta(2004), donde también  se narraba el periplo de dos buenos amigos, que venían siendo Alberto Granado y Ernesto Guevara de la Serna, al que más tarde se conocería simplemente como el Ché. Era el hombre perfecto para dirigir On the road.
Por otro lado, hay que decir que salen  unas beatniks de lujo, a saber: Amy Adams como la desvencijada Jane Lee, Elisabeth Moss como la puritana Galatea Dunkel, Kirsten Dunst como la abnegada Camille y, por último, Kristen Stewart como la promiscua Marylou en la que puede que sea la mejor interpretación de su vida.
Neal Cassady and Jack KerouacEn cualquier caso, y aunque sea prácticamente imposible capturar la ensoñación de un texto literario compuesto a través de caóticas anotaciones en libretas sucias escritas a lo largo de tres años de aventuras bohemias y vagabundas, On the road está perfectamente lograda, y hará las delicias de los actuales hipsters, gafapastas e individualistas, que nada tienen que ver con los de los años 40 ni con la filosofía del autor de Massachusetts.
“The only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones who never yawn or say a commonplace thing, but burn, burn, burn like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars”.
Es demasiado hermoso para traducirlo.

 

LO MEJOR: Que ahora escuchamos la música a la que en el libro se refería con “tatatatata, lalalala, trararí, chim pón”.
LO PEOR: la poca gente que la habrá visto.

CALIFICACIÓN: ♦♦♦♦

 

Muy mala: Ø / Mala: ♦ / Regular: ♦♦ / Buena: ♦♦♦ / Muy buena: ♦♦♦♦ / Excelente: ♦♦♦♦♦

Obra maestra: O.M.

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