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Lo mejor y lo peor del cine en el verano de 2014 (y II)

Tras haber hablado del material cinematográfico más deleznable del verano, pasemos ahora a declarar películas con algo más de enjundia:

Las interesantes:

Cuando uno va al cine para ver una película de vampiros hecha por Jim Jarmusch sabe que no se va a encontrar con tíos cachas que de cuya boca no salen más que cursilerías. Sólo los amantes sobreviven no busca contar nada en particular; se mete en las vidas de Adam e Eve de la manera más tranquila y, si acaso, reivindicando la devacle cultural del mundo actual a través de estos personajes, que han vivido milenios y lo único que portan en sus maletas cuando viajan, aparte de sangre, son puñados y puñados de libros.Tilda Swinton in Only Lovers Left Alive Más que vampiros parecen yonquis tirados en un sofá después de meterse un chute. Gente que no tiene nada que hacer. Jarmusch nos presenta la versión vampírica de Permanent Vacation (Jim Jarmusch, 1980), y la decora con píldoras sobre literatura y coleccionismo de instrumentos musicales. Realmente no somos conscientes del carácter hematófago de Tilda Swinton (Eve), quien parece haber hecho un pacto con el diablo al conservarse así con sus 54 años, y Tom Hiddleston (Adam), nuestro Loki cinematográfico en la saga Thor, hasta ese momento culminante en el que enseñan sus colmillos. Los dos son actores excepcionales, y la insólita banda sonora de la película cautiva desde el principio.

Otra propuesta a tener en cuenta es Las dos caras de enero, de Hossein Amini, adaptación de la novela homónima de Patricia Highsmith, de la que, por cierto, la editorial Anagrama piensa publicar una integral de toda su obra, ya que la autora, admirada por muchos coetáneos suyos, como Graham Greene, bien merece una retrospectiva en toda regla, ya sólo por haber creado al arquetipo de la amoralidad: Tom Ripley, al que hemos visto en tantos films. Ella construye un mundo irracional y claustrofóbico, de peligros ubicuos, en el que sus americanos personajes visitan Europa creyendo que se trata de un escenario idílico y acaban por adentrarse en una pesadilla sin retorno. Esto es lo que ocurre en Las dos caras de enero, escrita y dirigida por el guionista de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), Hossein Amini, quien podría no haber sido  la elección más adecuada para este proyecto, ya que no logra embaucarnos como sí lo hace Highsmith en sus libros. Kirsten Dunst and Viggo Mortensen in The Two Faces of JanuaryNo consigue transmitirnos la misma atmósfera, aunque, eso sí, los actores (Viggo Mortensen, Kirsten Dunst y Oscar Isaac), amén de nuestro Alberto Iglesias como compositor de la música original, están perfectos, cada uno en su rol, y consiguen salvar una fallida labor de adaptación. Responsable: el productor Max Minghella, al que pudimos ver en La red social (David Fincher, 2010) interpretando a Divya Narendra. Es el hijo del difunto Anthony Minghella, director de El paciente inglés (1996) y El talento de Mr. Ripley (1999). Parece ser que Minghella padre había fundado con Sydney Pollack la productora Mirage Enterprises para dar cabida a una serie de magistrales adaptaciones cinematográficas. Su última obra, maravillosa, fue El lector (Stephen Daldry, 2008). Y parece que Minghella hijo no ha sabido producir con la misma maestría y buen juicio que su padre, pero hay que darle otra oportuidad, porque es muy joven y no va por mal camino.

Para hacer justicia al género de ciencia ficción ha tenido que aparecer en nuestras carteleras El congreso (Ari Folman, 2013), una de las películas que más interés ha suscitado, no sólo en este verano, sino en lo que llevamos de año. Está basada en una breve novela del polaco Stanislaw Lem, autor también de ese gran clásico llamado Solaris, al cual Tarkovsky y Soderbergh rindieron tributo en sus respectivas filmografías. Bueno, en realidad sólo la segunda parte de la película tiene que ver con el libro. En la primera, vemos cómo Robin Wright, interpretándose a sí misma, acepta un contrato por el cual la productora ficticia Miramount Studios (el nombre hace referencia a Miramax y Paramount) se encarga de digitalizar su cuerpo y todos los posibles gestos de su cara para convertirla, para siempre, en un producto digital hiperrealista de animación en 3D. Veinte años más tarde, y es aquí donde se nota el influjo de Lem, Robin es invitada a un congreso de futurología en el que le proponen capturar su esencia y patentarla en una sustancia química que haga vivir a sus consumidores la fantasía de que de hecho son Robin Wright. The CongressEl director visualiza esta parte del díptico en forma de animación, de manera que la protagonista, antes de entrar al congreso, inhala un alucinógeno que hace que se vea a sí misma como un dibujo animado, y todo a su alrededor se torna en una especie de Dibuliwood, pero no al estilo rotoscopia, como en Vals con Bashir (Ari Folman, 2008) o Waking Life (Richard Linklater, 2001), sino más con la semblanza de Cool World. Una rubia entre dos mundos (Ralph Bakshi, 1992). Y sus peripecias se corresponden con las de Ijon Tichy el emblemático personaje  de Stanislaw Lem que vivía todo tipo de aventuras viajando a lo largo y ancho del espacio y del tiempo. En cualquier caso, se trata de un futuro distópico donde la gente vive un sueño inducido por las drogas, que sirven a los poderosos de instrumento para controlar a los débiles. Tremenda reflexión.

Las favoritas:

Y ahí van, no ya las mejores, ya esto podría cuestionarse de mil maneras, sino las que más me han gustado a mí. De la primera de ellas podríamos decir que ha sido, definitivamente, la película del verano, aquella que más éxito ha tenido, por ser la que más ha gustado tanto a los padres como a los hijos. Hablo de Guardianes de la galaxia, de James Gunn, un director totalmente desconocido por el que Marvel (o sea, Disney) ha apostado muy fuerte y ha logrado su objetivo. Pero donde verdaderamente la productora le ha echado “un par” es al decidirse por, tal vez, el grupo de superhéroes menos popular de La Casa de las Ideas. ¿Nos hallamos, pues, ante una película independiente dentro del Universo Marvel? Prácticamente sí. Guardians of the GalaxyNadie daba un duro por estos chicos, y al final han sorprendido a todo el mundo con su frescura y sus ganas de entretener. Está plagada de guiños y clichés. Peter Quill / Star Lord es un Indiana Jones cutre que escucha hits de los 60 y 70 en un walkman de marca Sony que le regaló su madre, y no se muerde la lengua a la hora de hablar de Kevin Bacon en Footloose (Herbert Ross, 1984) como si de un héroe nacional se tratara. Está claro que la nostalgia ochentera ha calado hondo en el guión de esta cinta, y eso es lo que gusta a los padres. A los hijos, probablemente, les haga gracia un mapache de gatillo fácil que habla sin parar y que va acompañado por un tipo con forma de árbol que sólo sabe decir “Yo soy Groot”. Es un producto perfecto. Pertenece a la denominada Fase Dos de Marvel Studios. Si en la Fase Uno el MacGuffin era el Teseracto, aquí es una Gema del Infinito. Ah, y que nadie se pierda la secuencia post-créditos; sale el único animal que ha besado a Lea Thompson en la gran pantalla…

Jon Favreau and Sofía Vergara in ChefOtro título independiente podría ser Chef, de Jon Favreau, un film excepcionalmente simpático en el que el director de las dos primeras partes de Iron Man se reserva para sí el papel principal y nos da a conocer la historia de un chef de Miami que, tras ciertas desavenencias con el dueño del restaurante en el que trabaja, por culpa de un crítico gastronómico, decide comenzar una nueva vida preparando sandwhiches cubanos desde una cocina ambulante. Merece la pena comprobar cómo Favreau se ha entrenado a conciencia para el papel, ya que, sin ser ningún cocinilla, da la impresión de llevar toda la vida cortando calabacines. Es un placer verle saltear los spaghetti para Scarlett Johansson, o preparar el desayuno para su hijo, mientras se oyen temazos de la música autóctona. Tenemos aquí la prueba fehaciente de que los franceses ya no son los reyes del género culinario. Este director neoyorquino puede estar muy orgulloso de haber creado un divertimento muy personal que muestra las virtudes de la cocina yanqui, que las tiene. Cuando la calidad de la carne es palpable en la pantalla y el hecho de poner mantequilla y queso cheddar sobre una plancha se convierte en un arte, significa que un país ha encontrado por fin su identidad en el sector de la restauración. Se nota que todo ha sido grabado con cariño, y es evidente la analogía entre el oficio de cocinero y el de director de cine que no se ajusta a los cánones de los productores. En realidad, Chef es una crítica a la industria del cine que a la vez promueve el amor por el trabajo.

Por último, no podemos olvidarnos de otro título que ha pasado sin pena ni gloria: Begin Again (John Carney, 2013). Aquí el realizador irlandés ha creado una versión mejorada y expandida de su Once (2006), ya que ambas narran, básicamente, la posibilidad de que exista una amistad perfecta entre hombre y mujer, sin subterfugios ni sentimientos encontrados. Pero, si es cierto que Once carecía de sabor y tenacidad, esta nueva película tiene un gusto más agradable y completo. Ayuda mucho que esté ambientada en New York, y que en ella salgan rostros conocidos como el de Keira Knightley o Mark Ruffalo. También es un buen reclamo la participación de Adam Levine, líder de Maroon 5, que interpreta al exnovio de Knightley y cuenta con su actuación estelar como cantante. Pero lo que convierte a Begin Again en una de las mejores películas del verano es que está hecha desde el corazón, que estampe en cada plano un sentimiento positivo sobre la vida, transmitiéndonos, como su propio título indica, el mensaje de que nunca es tarde para “empezar de nuevo”. Mark Ruffalo and Keira Knightley in Begin AgainOtra crítica a la industria, pero en este caso a la discográfica que pierde de vista el alma de las canciones en la grabación y sólo se preocupa por maximizar beneficios. La parte en la que Dan (Mark Ruffalo) y Gretta (Keira Knightley) se colocan el splitter para cascos y se meten en una discoteca mientras escuchan For Once In My Life, de Stevie Wonder, me parece sensacional.

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