0

Gravity. Un plano secuencia mejicano

Hay un libro llamado Rebelde sin pasta (Ediciones B, 1996) en el que Robert Rodríguez cuenta cómo prestó su cuerpo a una farmacéutica con el fin de recaudar fondos para su primera película: El mariachi (1992). También cuenta la tremenda suerte que tuvo al venderla a Columbia Pictures, que se encargó de distribuirla y le convirtió, a sus 23 años, en todo un director de cine de Hollywood.

Hablo de Robert Rodríguez no porque haya demostrado ser un gran director, no. Todos sabemos que, aunque ha tenido enormes aciertos, como Abierto hasta el amanecer (1996) o Sin City (2005), también cuenta en su haber con títulos infames como El mexicano (2003) o Machete (2010), del que encima ha hecho una segunda parte llamada Machete Kills (2013). Sin embargo, además de haber descubierto a la bellísima Salma Hayek, tenemos que agradecerle a este tejano nacido en San Antonio (EEUU) que haya sido el primero en crear una vía de acceso en el mercado estadounidense para los nuevos directores mejicanos.

Guillermo del Toro en El laberinto del faunoSeguramente el más famoso de todos ellos sea Guillermo del Toro, que comenzó su andadura americana con el film de ciencia ficción Mimic (1997) y continuó hasta nuestros días con unas pocas incursiones dentro del género freak, como la saga Hellboy, u otras más particulares, como la que es sin duda su mejor película: El laberinto del fauno (2006). De hecho, del Toro ha llegado a ser un realizador tan experto en manejar enormes facturas técnicas que Peter Jackson llegó a proponerle rodar otra millonaria saga: El hobbit; aunque finalmente se retiró del proyecto debido a que la quiebra de la Metro Goldwyn Mayer estaba retrasando demasiado el proyecto.

Luego está Alejandro González Iñárritu, que nos hizo quitarnos a todos el sombrero con Amores perros (2000). El tándem formado por este director y el (también mejicano) guionista Guillermo Arriaga, eso sí, en colaboración con el músico argentino Gustavo Santaolalla, fue uno de los más prometedores del nuevo milenio. Lamentablemente, al final fue como una de esas historias de amor que se deterioran y acaban mal. 21 gramos (2003) fue otro gran alarde de talento, pero muchos pensamos que la misma historia contada por orden cronológico habría dado exactamente el mismo resultado. Alejandro González Iñárritu with Javier BardemY la última de la trilogía sería Babel (2006), que tampoco alcanza el nivel de Amores perros y acaba hilvanando las cuatro historias con un forzado cazador japonés que regala su rifle a un guía marroquí. El resto de la historia es de sobra conocida: previa separación amistosa, González Iñárritu se descalabra con Biutiful (2010), y Arriaga lo hace con Los tres entierros de Melquíades Estrada (Tommy Lee Jones, 2005).

Pero no todo está perdido. Todavía queda un director mejicano en Hollywood que no pretende ser ni Antonioni ni Steven Spielberg, y se llama Alfonso Cuarón. En realidad podría haber empezado hablando de él, ya que su primera película, La princesita, fue producida por la Warner en 1995, mucho antes de que del Toro y González Iñárritu pusieran los pies en los Estados Unidos. A esta le sigue Grandes esperanzas (1998), una interesantísima revisión moderna del clásico de Charles Dickens en la que Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow protagonizan una historia de amor cimentada en la más tierna infancia. Curiosamente, ese mismo año Julio Médem presentaba Los amantes del círculo polar, basada en la misma premisa.

Tal vez sea por esa conexión de sus dos primeros films con el público infantil que los productores de la Warner le confiaron a Cuarón el mando de su buque insignia, es decir, que le encargaron hacer Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004), lo cual se le dio de maravilla. Pero no fue este el primer trabajo por el que le conocimos en España, sino por aquella road movie en la que dos chavales mejicanos se acostaban con Maribel Verdú, por cierto muy acertada en su papel de milf (véase el término en Google). Esta película, titulada Y tu mamá también (2001), tiene el honor de ser la primera en lengua castellana que habría necesitado de unos buenos subtítulos, amén de algunas notas aclaratorias para el público español, que por aquel entontes no era capaz de asimilar tanto “no mames wei”.Children of Men

Mejor que la consagración llegue tarde a que no llegue nunca. En el caso de Alfonso Cuarón esto sucedió con Hijos de los hombres (2006), una de las mejores películas de ciencia ficción de las últimas décadas, ambientada en un futuro distópico, sin naves espaciales, en el que la humanidad está al borde de la extinción porque todos se han vuelto estériles. Una propuesta realmente original llevada cabo con la tenacidad de un director de talento, que además maneja el plano secuencia con maestría y profundidad.

Hemos tenido que esperar varios años para volver a ver una película de Cuarón en el cine, pero ha merecido la pena, porque la recién estrenada Gravity es una de esas que cumple con lo que promete en el tráiler. Combina la angustia de verse flotando a la deriva en el espacio con la subyugante belleza del planeta Tierra visto desde fuera.

Mucho se ha comentado sobre si la película está bien planteada en 3D o no. La respuesta es un sí rotundo, pero sólo para aquellos a los que esta experiencia no les resulte incómoda de por sí, ni les importe tampoco el hecho de que en 3D siempre se vea la película un poco más oscura, por no mencionar el incremento en el precio de la entrada. Es evidente que una historia que transcurre íntegramente en el espacio exterior siempre se prestará más al visionado en tres dimensiones. Pero Gravity tiene un plus, y es que detrás de las cámaras cuenta con la pericia de Alfonso Cuarón a la hora poner en marcha un plano secuencia.Alfonso Cuarón directing Gravity

Para los no iniciados, un plano secuencia consiste en la grabación de una secuencia entera en un solo plano, como su propio nombre indica. Eso en teoría. El plano secuencia más famoso de todos los tiempos fue dirigido por Orson Wells, en el comienzo de Sed de mal (1958), su obra cumbre. Pero algunos expertos insisten en que no se trata en realidad de un plano secuencia porque, sencillamente, no abarca la secuencia entera, a pesar de su duración y complejidad… Sandeces. Se trata de un plano secuencia como la copa de un pino, así que tenemos que redefinir el concepto diciendo que un plano secuencia muestra en un solo plano lo que, empleando una planificación distinta o, si se quiere, más académica, se mostraría en varios planos yuxtapuestos de distintos tamaños y angulaciones.

Viendo o, más bien, admirando el comienzo de Gravity, tenemos la impresión de que el plano secuencia no se va a acabar nunca, de que vamos a asistir a un nuevo ejemplo de “película-secuencia”, como en el caso de El arca rusa, de Aleksandr Sokurov (2002). Pero no acaba siendo así, puesto que la historia exige de ciertos cortes, y también de ciertas elipsis, a pesar de que toda la narración trascurre de continuo y está focalizada en el personaje de Ryan Stone, interpretado con solvencia pero sin trascendencia por Sandra Bullock, que generalmente no nos tiene acostumbrados a estos papeles tan serios. Por otro lado, George Clooney da vida a Matt Kowalski, un personaje de apoyo pero también de gran relevancia, y  que tampoco decepciona.

Cuarón firma el guión junto a su hijo, Jonás Cuarón, y aprueba con nota, aunque seguiremos teniendo a Hijos de los hombres en un pedestal, aunque siempre con la esperanza de que se vea superada por los futuros proyectos del que es, en mi humilde opinión, el mejor realizador mejicano que hay en Hollywood.

Sandra Bullock in GravityLO MEJOR: sentir que miras a través de la escafandra de un astronauta.
LO PEOR: mejor no lo digo, para evitar spoilers.
CALIFICACIÓN: ♦♦♦♦

 

Muy mala: Ø / Mala: ♦ / Regular: ♦♦ / Buena: ♦♦♦ / Muy buena: ♦♦♦♦ / Excelente: ♦♦♦♦♦

Obra maestra: O.M.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *