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El hombre de acero. Superman begins

La Real Academia Española define utopía como “Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación”. Pero el concepto original fue tomado del libro Utopía (Thomas More, 1516), donde el autor describe una isla en la que la sociedad se organiza de forma ideal y todo el mundo convive en paz y armonía. Actualmente, para el común de los mortales frikis, esa isla recibe el nombre de Krypton, pero no de cualquier Krypton, ya que resulta que hay varios.

SupermanLos célebres Jerry Siegel (guionista) y Joe Shuster (dibujante), tras haber sido rechazados en varias editoriales, lograron hacer que el primer superhéroe de la historia, si exceptuamos a Popeye, apareciera por primera vez en las páginas del número 1 de Action Comics, en 1938. Se llamaba Superman, y pronto gozaría de un notable éxito gracias a su serie regular, en la cual Krypton, planeta del que procedía, se manifestaba como una utopía elevada a la enésima potencia, con hermosas maravillas naturales como montañas de diamante y cataratas de fuego, y donde la tecnología suprimía la enfermedad y la miseria y permitía al hombre minimizar su esfuerzo para centrarse en cosas más importantes que el trabajo.
Mucho más tarde, en 1986, John Byrne (guionista y dibujante) publicaría una miniserie de seis números, The Man of Steel (El hombre de acero), que daría al traste con todo lo que sabíamos sobre Superman y su planeta origen. Según Byrne, Krypton ya no era un remanso utópico en el que todo era perfecto, sino un lugar corrupto y estéril donde la acción de sus habitantes había creado un nuevo material radiactivo que acabaría provocando la explosión de todo el orbe. Nace aquí un sentimiento, si se quiere, ecologista, que tenía más que ver con el mundo real que nos ocupaba en los años 80 que con en antiguo Krypton, cuya explosión se debía a una reacción en cadena de su núcleo, cruel pirueta del destino que forzaría al eminente científico Jor-El a enviar a su hijo, Kal-El (Superman), a la Tierra.
KryptonLas primeras secuencias de El hombre de acero(Zack Snyder, 2013) han sido cimentadas sobra la base de Byrne, y tienen también en común el hecho de que Kal-El sea el primer hijo concebido de manera natural en Krypton desde hace siglos, ya que otra de las anomalías de esta sociedad era que los bebés se cultivaban genéticamente al estilo Matrix (Andy y Lana Wachowski, 1999), aunque con tintes comunistas, puesto que también se les etiquetaba, de modo que unos estaban destinados a ser ingenieros, otros médicos, etc.
Hasta ahí todo bien. Este hijo nacido del amor llegará a nuestro planeta y se convertirá en el héroe que todos conocemos, pero una panda de renegados que quieren fundar un nuevo Krypton vendrán tras él para destruir la Tierra e implantar una dictadura tipo Hitler.
El primer problema de la película llega en el mismo segundo en el que la cápsula espacial en la que va Kal-El se estrella contra el granero del matrimonio Kent. Hay ahí un abrupto salto cronológico hasta el momento en que Clark Kent, identidad humana de Superman, ya es mayor y trabaja en un barco pesquero. En ese momento uno no puede evitar pensar: “Hmmm, un superman pescador”. Pero, pese a todo, hay que seguir viendo la película, a ver qué pasa después.
Kevin Costner as Jonathan Kent

Y pasa que los absurdos no dejan de sucederse, uno detrás de otro. Por ejemplo, una de las veces en las que retrocedemos a la infancia de Clark, éste acaba de salvar a un montón de niños de ahogarse en un autobús escolar que se había caído a un río. A continuación, Kevin Costner, el nuevo Jonathan Kent, abronca a su hijo y le recomienda que la próxima vez los deje morir a todos, porque lo más importante es no descubrir al mundo que tiene superpoderes, ya que podrían diseccionarle como a un bicho raro o, peor aún, atacarle porque no entienden que es el bueno de la película.

Semejante grado de  estupidez provoca más tarde la muerte de Jonathan, que se niega a ser salvado por Clark delante del resto del pueblo. Así es como acaba arrollado por un tornado, y encima por intentar salvar al perro. Esto nunca hubiera ocurrido en los comics hasta ahora publicados. Jonathan Kent era un hombre sensato que inculcaba a su hijo los valores más nobles de la Tierra, a saber: sí, cierto, no debes descubrir tus poderes hasta que el mundo esté preparado, pero la vida humana, la de todos y cada uno de nosotros, vale más que cualquier otra cosa, y debes defenderla a ultranza.

Marlon Brando as Jor-El
Y hablando de relaciones paternofiliales: qué pobre es el encuentro con Jor-El en la Fortaleza de la soledad (la casa de Superman en el Polo Norte). Recordemos que en la versión de Richard Donner (Superman, 1978 – tal vez la mejor película que se haya hecho sobre un superhéroe), el encantador Christopher Reeve (Kal) se pasaba ¡12 años! estudiando con Marlon Brando (Jor) asuntos tan importantes como la fragilidad del corazón humano o la historia de las galaxias conocidas. En El hombre de acero, Russell Crowe (Jor) le hace una presentación de Power Point kryptoniano de cinco minutos a Henry Cavill (Kal), y éste aprende a volar acto seguido, enfundado en un traje de Superman desaturado al 75%.
Llegados a este punto, uno empieza ya a tomarse la peli en broma, y comienza a divagar sobre hipotéticos diálogos divertidos entre Jor-El (o, más bien, su consciencia) y el general Zod. ¿Por qué el malo se llama simplemente Zod y, sin embargo, Jor y Kal tienen el privilegio y la distinción de pertenecer a la casa de El, de la misma forma que un irlandés llamado O’Connell pertenecería a la casa de Connell pero sonando igual que el pronombre personal él, en castellano?

 

-Zod, te voy a decir una cosa,Russell Crow as Jor-El mi hijo Kal es mucho más hombre que tú.
-¿Te refieres a él?
-Sí, bueno, no exactamente. Me refiero a El, a Kal-El, a mi hijo, al que en la Tierra llaman Clark.
-¿Clark-El?
-No, narices, Clark Kent, que es adoptado.
-¿Pero no decíais que le habíais concebido vosotros solitos, El?
-Sí, pero luego le enviamos aquí y fue adoptado por una pareja de granjeros. Y deja de llamarme El. Mejor, llámame Jor, que si no no me entero.

 

Tonterías como esta podría imaginarse cualquiera que ya estuviera harto y más que aburrido de ver kryptonianos destruyendo edificios, que es casi exclusivamente lo que ocurre en el tercer tercio de la película, y no es de extrañar que uno salga del cine mareado y exhausto después de ver la soberana somanta de palos que recibe Superman, más aún cuando la cámara (o más bien un efecto de la misma en postproducción) no para de moverse, vibrar y desenfocarse y enfocarse continuamente.
Como colofón final de este irregular guión firmado por David S. Goyer, responsable de Batman Begins (Christopher Nolan, 2005) y de las líneas argumentales de sus secuelas, vemos a Clark Kent presentando su nueva facha en la redacción del Daily PlanetHenry Cavill as Clark Kent / Kal-El , donde nadie le reconoce, simplemente por llevar unas gafas de montura gruesa, y a pesar de lucir exactamente el mismo peinado que cuando va vestido de azul y rojo, del mismo modo que, durante la batalla de Smallville (pueblo de los Kent), ni siquiera el mejor amigo de la infancia de Clark, Pete, parece reconocerle tampoco. Incluso en Superman Returns (Bryan Singer, 2006), que era mucho peor película que esta, se molestaban en caracterizar a Clark Kent de una manera lo más distinta posible a la de Superman.
Ya está anunciada Man of Steel 2, en la que encontraremos a Lex Luthor, sin duda. No en balde, en medio de la devastación de Metropolis, Superman arroja un camión que lleva grabado el logotipo de la empresa Lex Corp, proclamando así la inminente llegada de su famoso archienemigo.
Esperemos que las siguientes partes se centren más en el personaje y su faceta humana, y no tanto en Krypton. Porque, en realidad, el hecho de que Superman haya perdido los calzoncillos en superiplo desde 1938 no tiene ninguna importancia.

 

LO MEJOR: por un lado, lo bien que se conservan las mujeres de Superman. Amy Adams (Lois Lane), con esa carita de veinteañera, resulta que tiene ya 39 años, y Diane Lane (Martha Kent), con esa belleza, ya va por los 48. Por otro lado, ver al pequeño Clark leyendo a Platón no tiene precio.
LO PEOR: que el proyecto de Jor-El también consistía en crear un nuevo Krypton en la Tierra…
CALIFICACIÓN: ♦♦

 

Muy mala: Ø / Mala: ♦ / Regular: ♦♦ / Buena: ♦♦♦ / Muy buena: ♦♦♦♦ / Excelente: ♦♦♦♦♦

Obra maestra: O.M.

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