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Birdman y Opening Night. La sombra de Cassavetes es alargada

Mucho se ha hablado ya sobre los Oscar de este año y sobre la película que en ellos más estatuillas ha cosechado. Birdman (2014), del crack mejicano Alejandro González Iñárritu, supone un ejercicio cinematográfico impecable y, en apariencia, completamente original, pero tal vez, y sólo tal vez, deberíamos detenernos un segundo antes de completar tal aseveración y, ya que estamos, echar un ojo a otra gran película llamada Opening Night (1977), cuyo director, John Cassavetes, nos debería sonar de nombre, aunque sólo fuera por el hecho de que se trata de uno de los máximos exponentes del cine underground.John Cassavetes

Pero, ¿qué demonios quiere decir eso del “cine underground”? ¿Lo hacen bajo tierra? ¿Tiene algo que ver con la peli de Kusturica? Ah, tal vez sea lo mismo que decir cine independiente. Pero no, no es exactamente lo mismo, puesto que Robert Evans produjo en los años 70 un puñado de películas de éxito con total independencia de los grandes estudios, como las dos primeras de El padrino (Francis Ford Coppola, 1972 y 1974) o Marathon Man (John Schlesinger, 1976), que nada tienen que ver con lo underground. De hecho, el cine independiente ha existido desde los albores de la historia del cine hasta nuestros días, desde Georges Méliès hasta Jeff Nichols pasando por Orson Welles.

Evidentemente, un film undergound debe ser independiente en primer lugar. No debe estar sujeto a las exigencias de las grandes productoras ni distribuidoras, pero, además, debe contener un ingrediente mágico: el “que os jodan”. En otras palabras, que el director tiene que ser el autor absoluto de la cinta y que, por consiguiente, no puede pararse a pensar en qué pensará el público de ella, ni el mayoritario ni el minoritario, ni los críticos ni los productores, ni su mujer ni sus hijos. Que les jodan a todos.

En general, esta señal de desprecio hacia el resto del mundo hace que los proyectos underground sean muy difíciles de financiar, por lo que es bastante común que el director tenga que desembolsar dinero de su propio bolsillo, hipotecar su casa y/o no pagar al equipo para costearse la producción.

Así que la principal diferencia entre Birdman y Opening Night tiene que ver con el hecho de que la primera no pertenece en absoluto a la categoría de cine underground, aunque se nos presente en un formato de cine de autor que fácilmente podría llegar a confundirse hoy en día con “lo independiente”. Es una película hecha para competir en los Oscar y orquestada por un magnífico director que siempre nos hace llegar trabajos comerciales e inteligibles para la gran mayoría. No obstante, debemos destacar Birdman como su primera gran película, ya que alcanza un nivel muy superior al de su celebradísima Amores perros (2000), y consagra por fin a Iñárritu como uno de los mejores realizadores del panorama actual.

John Cassavete's Opening NightSin embargo, las líneas argumentales de una y de otra coinciden en varios puntos significativos. Por ir descartando lo obvio: las dos tienen lugar en los prolegómenos de una premiere teatral, y sus personajes protagonistas se enfrentan al miedo a envejecer a través de la mitificación de su yo joven. Riggan (Michael Keaton) construye una figura imaginaria bajo la semblanza de Birdman, el personaje que le hizo famoso en los inicios de su carrera, que guarda no pocas semejanzas con el Batman de Tim Burton, y que simboliza el éxito comercial.

En el inicio de Opening Night vemos a Myrtle, una actriz de mediana edad que se ve asediada por los fans a la salida de una de sus funciones. El personaje es interpretado por Gena Rowlands, mujer de John Cassavetes en la vida real y, sin ningún género de duda, una de las mejores actrices de la historia del cine. El caso es que una de esas fans se planta delante de Myrtle y le pide un autógrafo. La manera en que Myrtle mira a la chica es definitiva, pasmosa, alegre, como si tuviera ante sí al vivo reflejo de sí misma en la época en la que sus sueños y aspiraciones le permitían rechazar a quien quisiera y como quisiera. De repente empieza a llover. La chica, sin dejar de profesar su amor por Myrtle, la sigue hasta el coche, llorando, manoseando las ventanas, gritando su nombre. El coche arranca y la chica se queda en medio de la carretera. Es atropellada. Se llamaba Nancy.

Quien no haya visto la película puede imaginarse la escena si conoce Todo sobre mi madre (Pedro Almodóvar, 1999), en la que nuestro director manchego deja patente la huella de Cassavetes en la parte en la que el hijo de Cecilia Roth muere en la ficción. De hecho, Almodóvar le debe mucho más que eso al director neoyorkino; los llamativos rojos con los que salpica su filmografía están directamente sacados de Opening Night, sin más ni más.

Michael KeatonPero no nos desviemos. Nancy es Birdman para Myrtle, y la utiliza para entender mejor su papel en la obra que tiene que interpretar. En el, digamos, plano A todo es real y ordenado. Pero para que un actor logre cosas extraordinarias a veces necesita generar un plano B, imaginario, en el que el orden provenga de caos. Riggan y Myrtle lo hacen. Es una técnica inventada por el pedagogo francés Jacques Lecoq.

En Opening Night, y puesto que a John Cassavetes le encantaba la ambigüedad, puede parecer que Nancy es fruto de una incipiente esquizofrenia o, simplemente un fantasma, pero Alejandro González Iñárritu es mucho más claro, y sabe diferenciar constantemente entre el plano A y el B. Justo después de ver a Riggan volando por toda la ciudad, un taxista le grita en plena calle que no le ha pagado la carrera. Otra referencia a este mismo concepto es el sabio uso de la música, que pasa constantemente de extradiegética (no perteneciente a la escena) a diegética, mediante el austero sonido de una batería que nos recuerda vagamente a otra excelente película de los Oscar: Whiplash (Damien Chazelle, 2015).

Opening Night posterEl resto de diferencias entre una y otra proviene del aspecto formal. La puesta en escena de Birdman está claramente delimitada por el uso (magistral) del plano secuencia, mientras que en el cine de Cassavetes se da a los actores un espacio libre para que se muevan por él y saquen cosas que no estaban en los ensayos. El uso de varias cámaras a la vez soporta este tipo de filmación. No hay nada más underground que un director de cine que sostiene en su mano una cámara de 16 mm y que no avisa a los actores de cuándo se corta la toma.

John Cassavetes, por otra pate, nunca concedió a la fotografía la importancia que se merece. Decía que una iluminación demasiado cuidada hacía que los personajes parecieran objetos, y no personas. Sin embargo, otros como Iñárritu prefieren no atosigar al operador y dejar que haga su trabajo, ya que una fotografía coherente también puede acompañar al estado de ánimo de los personajes sin robarles protagonismo. En este sentido, Birdman se beneficia del buen saber hacer del también mejicano Emmanuel Lubezki.

BirdmanNo obstante, el mensaje que encontramos en la película de Iñárritu es el mismo que el que el propio Cassavetes fomentaba tanto dentro como fuera de la gran pantalla: hay cosas en la vida que son más importantes que el éxito, cosas como sentirse arropado por los seres queridos, o aceptarse a uno mismo sin miedo a la competencia o a las críticas. De hecho, sólo cuando superemos nuestro miedo al fracaso seremos capaces de lograr el éxito. Y a quien diga lo contrario, pues que le jodan.

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