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2014. El año de Matthew McConaughey

2014 ha sido un año particularmente cruel, artísticamente hablando. Se ha llevado al premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez, autor de Cien años de soledad, el libro más fascinante que he leído en mi vida; a Paco de Lucía, el mejor guitarrista de todos los tiempos, ante el cual el propio Mark Knopfler declaró, tras verle actuar, que había entendido que no sabía tocar; a Robin Williams, nuestro querido capitán de El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989); a Philip Seymour Hoffman, el mejor actor de su generación, que nos dijo “Unleash Your Passion” (“Desata tu passión”) en la estupenda El último concierto (Yaron Zilberman, 2012); a la guapa y pizpireta Lauren Bacall, sin la cual no entenderíamos Tener y no tener (1944) y El sueño eterno (1946), ambas de Howard Hawks; a Álex Angulo, al que el otro Álex (de la Iglesia) le debe varios momentos clave dentro de su carrera; y a Joe Cocker cuya voz rota y preciosa nos acompañó en Oficial y caballero (Taylor Hackford, 1982), en la serie Aquellos maravillosos años, y en Atrapado por su pasado (Brian De Palma, 1993).

Pero no debemos ponernos tristes. Mientras que unos se van, otros vienen en su lugar. En 2014 se ha hecho notar la presencia de una estrella, pero de una que había nacido hace mucho tiempo, y que había estado esperando todo ese tiempo para brillar más que ninguna en el firmamento de Hollywood. Hablo de Matthew McConaughey, ¿de quién si no?

Este chico de Uvalde, Texas, llegó al mundo del cine de la mano de otro tejano de oro, el director Richard Linklater, quien en 1993 le diera la oportunidad de participar como secundario en una de sus primeras películas: Movida del 76. El año siguiente ya obtuvo su primer papel protagonista, eso sí, en La matanza de Texas: la nueva generación (Kim Henkel), una de esas películas en las que ya sabes lo que te vas a encontrar antes de verla, y en la cual compartía camerino con la también primeriza Renée Zellweger, a la que, por cierto, no creo que volvamos a reconocer nunca más a partir de este año debido a su paso por el quirófano estético…

Matthew McConaughey in A Time to KillTras una serie de papeles menores, también al bueno de Matt le llegó la hora de la fama. Esto sucedió con ese vergonzoso alegato de la pena de muerte llamado Tiempo de matar (Joel Schumacher, 1996). Las revistas se referían a él como “El nuevo Paul Newman”, más por su atractivo físico que por lo sólido de su interpretación. Aún así, quien fue coronado como sex symbol de los 90 por antonomasia fue Brad Pitt, que arrolló a todos los demás candidatos, y bloqueó en buena medida las primeras oportunidades y aspiraciones de McConaughey, quien en esa década tropezó con varios proyectos irrelevantes, como Amistad (1997), tal vez le peor película de Spielberg, o Los Newton Boys, su segundo trabajo con Linklater. Aunque no podemos olvidar su participación en Contact (Robert Zemeckis, 1997), en la que daba vida a Palmer Joss, una especie de sacerdote laico que daba el contrapunto perfecto a Jodie Foster en lo que ya está considerado un título importante dentro del género de la ciencia ficción.

La debacle comenzó con Edtv (Ron Howard, 1999), a partir de la cual se especializó en comedias, fundamentalmente de tipo romántico, como Cómo perder a un chico en 10 días (Donald Petrie, 2003) o Los fantasmas de mis ex novias (Mark Waters, 2009), supuestamente basada en Cuento de navidad, de Charles Dickens, en las que no podía apreciarse ni una décima parte de su talento. De esta época, lo único medianamente visible es su papel en Escalofrío (Bill Paxton, 2001), aunque se trate de otro panfleto sobre la pena de muerte cubierto bajo los cánones del género de terror.

No obstante, como detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, llegó un momento en el que Matthew se cansó de estar con Penélope Cruz y la cambió por la modelo Camila Alves, a la que conoció en el año 2006 y más tarde convirtió en su esposa. Ella fue el catalizador necesario, la que le recondujo a la senda correcta. Entre los dos tomaron la decisión de que lo mejor era tomarse un año libre, para quitarse el tufillo Los fantasmas de mis ex novias y recordar qué era aquello tan bonito de ser actor.Matthew McConaughey in Ghosts of Girlfriends Past

A partir del 2011 Matthew McConaughey empezó a sacar tres películas por año, proyectos de enjundia que le sirvieron para coger carrerilla y mejorar su técnica. De entre todos ellos, se podría decir que Mud (2012) constituye el tan esperado punto de inflexión. Se trata de una interpretación de altura dirigida por uno de los más prometedores realizadores de cine independiente: Jeff Nichols. Aquí es cuando la estrella comienza a brillar.

Resulta que a Matt le gusta golpearse el pecho todos los días antes de que las cámaras empiecen a grabar y el direcor diga “¡Acción!”. A Leonardo DiCaprio le llamó la atención este gesto, y pidió a Scorsese que lo incluyera como parte esa vertiginosa y delirante comedia llamada El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013), en la que Matthew McConaughey sólo aparece durante 5 memorables minutos.Matthew McConaughey in The Wolf of Wall Street

Es posible que DiCaprio se arrepintiera de echarle una mano después de que Jennifer Lawrence entregara el Oscar al mejor actor al tejano en vez de a él, y McConaughey, como buen metodista, agradeciera la estatuilla a Dios y a su madre. La película que le valió el galardón fue Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013), en la que está sublime interpretando a un cowboy enfermo de sida que toma conciencia de sí mismo y decide empezar a ayudar a los demás.

Pero la actuación por la que siempre será recordado es la del personaje de Rust Cohle en la serie True Detective, la cual ha alcanzado inmediatamente el olimpo de la cadena HBO, situándose a la misma altura que Los Soprano, The Wire o Mad Men. Y es que True Detective realmente parece una película de 8 horas, más que una serie de televisión. Todos los episodios están dirigidos por Cary Joji Fukunaga, y entre los productores ejecutivos figuran el propio McConaughey y su gran amigo, el también tejano Woody Harrelson, al que había conocido en el rodaje de Edtv. Los dos están magníficos. Es posible que lo más interesante de la serie no sea descubrir quién es el asesino, sino deleitarse con las profundas reflexiones filosóficas que los dos detectives tienen en el coche. No en valde, la Warner produjo en España un excelente film basado en las mismas premisas que True Detective: La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014).Matthew McConaughey in True Detective

Por último, llegamos a Interstellar (Christopher Nolan, 2014). Probablemente la mejor película del año, junto con Boyhood, la obra maestra de Richard Linklater. Aquí McConaughey adquiere una dimensión nueva. Si antes había hecho de sureño guapo y creyente, aspectos que tienen mucho que ver con su vida personal, en esta película suma su faceta de padre y la utiliza para encarnar al personaje de Joseph Cooper, un ex piloto de pruebas de la NASA que vive con sus dos hijos en un futuro próximo en el que la Tierra se ve asolada por plagas que consumen el oxígeno del planeta. A Cooper se le presentará la oportunidad de salir al espacio en busca de nuevos mundos habitables en los cuales refundar la raza humana. Parece ser que la NASA tuvo mucho que ver con el desarrollo de Interstellar. Cooper también es el apellido del astronauta del Apollo 13 que se quedó en tierra. El famoso físico Kip Thorne fue el asesor oficial de Nolan en todos los aspectos fundamentales del guión y el diseño de producción, y escribió un curioso libro llamado The Science of Interstellar, en el que justifica todo lo que ocurre en la película en torno a una base científica.

— Aviso: párrafo con spoilers —

Sin duda con este último título McConaughey ha inscrito su nombre con letras mayúsculas en la historia del cine, puesto que Interstellar, aunque no ensombrece ni un ápice a 2001: una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), sí que da un paso más allá de ésta, completando su significado. Matthew McConaughey in InterstellarEn 2001… Arthur C. Clarke planteaba la existencia de una civilización superior, extraterrestre, que para comunicarse con nosotros nos iba dejando pistas en forma de monolito con el unico propósido de hacer evolucionar al ser humano desde el simio hasta el, digamos, homo superior. Interstellar abre un nuevo debate: ¿y si esos seres superiores que tratan de comunicarse somos nosotros mismos desde el futuro? ¿Y si el Hombre evoluciona hasta convertirse en un ser pentadimensional?

En fin. Podríamos hablar durante horas acerca de los guiones de True Detective e Interstellar, pero no nos confundamos: estos dos productos son especiales porque hay un actor especial sustentándolos. Matthew McConaughey ha hecho grande 2014. No sabemos si su trayectoria continuará con esta tendencia, pero lo que sí sabemos es que ahí afuera hay un tipo con mucho talento, y eso es algo muy difícil de disimular.

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